Uno de los hitos centrales fue la implementación del Sistema de Entradas y Salidas (EES) de la Unión Europea, que reemplazó el sellado manual del pasaporte por el registro biométrico de huellas dactilares e imagen facial para quienes ingresan al espacio Schengen desde fronteras exteriores. El objetivo fue reforzar la seguridad y controlar las estancias máximas permitidas, aunque su puesta en marcha presentó dificultades técnicas.
Los inconvenientes operativos obligaron a postergar la implementación total del EES hasta abril de 2026 con retrasos puntuales en países como el Reino Unido, donde se decidió demorar su aplicación en pasos sensibles como el puerto de Dover para evitar colapsos durante la temporada alta.
A este proceso se sumará el Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes (ETIAS), cuya entrada en vigor fue reprogramada para el último trimestre de 2026. Este permiso será obligatorio para turistas exentos de visado, tendrá un costo de 20 euros, una validez de tres años y permitirá estancias de hasta noventa días dentro de un período de 180, consolidando un nuevo esquema de control previo al viaje.

En paralelo, el Reino Unido avanzó con su propia Autorización Electrónica de Viaje (ETA), que desde febrero de 2026 será obligatoria para visitantes de 85 países, con un costo de dieciséis libras, vigencia de dos años y estancias permitidas de hasta seis meses, profundizando la tendencia hacia fronteras digitales y controles anticipados.
El debate sobre los derechos de los pasajeros aéreos también marcó la agenda, especialmente en torno a las compensaciones por retrasos y los cargos por equipaje de cabina, aunque la presión del sector aéreo ralentizó reformas que llevan más de una década en discusión dentro de la UE.
Las decisiones comerciales de algunas aerolíneas generaron controversia, como el caso de Ryanair, que dejó de aceptar tarjetas de embarque en papel —medida cuestionada por autoridades de aviación— y modificó su política de equipaje de mano, permitiendo un bulto gratuito de hasta 40 x 30 x 20 cm, superando el estándar europeo.
Esta ampliación incrementó en un 33% la capacidad del equipaje permitido, pasando de 20 a 24 litros, un cambio que mejoró la comodidad del viajero sin alterar el marco normativo general, en un escenario donde la experiencia de viajar por Europa quedó definitivamente atravesada por la tecnología, la regulación y la búsqueda de un turismo más ordenado y sostenible.










