El turismo argentino atraviesa una etapa de transformación donde los destinos emergentes ganan protagonismo frente a los circuitos tradicionales. Durante el año pasado, localidades antes consideradas alternativas se consolidaron como polos de atracción por su identidad, autenticidad y compromiso con la sustentabilidad. Este fenómeno, impulsado por el turismo interno, el auge de las escapadas cortas y la búsqueda de experiencias naturales y culturales, proyecta un crecimiento aún mayor para 2026.
Trevelin, en Chubut, encabeza el listado de los destinos con mayor desarrollo. Reconocido como Pueblo Turístico Internacional por la OMT, combina naturaleza patagónica, cultura galesa, molinos, viñedos y una gastronomía artesanal en expansión. Su cercanía con el Parque Nacional Los Alerces y el aumento de vuelos a Esquel fortalecen su posición como eje del turismo de montaña y bienestar.
En el norte, El Soberbio, en Misiones, se consolidó como puerta de entrada a los Saltos del Moconá, una maravilla natural que crece en popularidad entre los viajeros que buscan aventura y ecoturismo. Los lodges de selva, el turismo rural y las experiencias con comunidades locales lo convirtieron en un modelo de desarrollo sustentable con impacto social directo.
Cafayate, en Salta, también vive un momento de expansión. Su combinación de viñedos, arte, arquitectura colonial y paisajes del Valle Calchaquí atrajo inversiones hoteleras y gastronómicas que ampliaron su oferta de lujo y experiencias enoturísticas. Hoy compite en atractivo con Mendoza y se consolida como una de las joyas del norte argentino.
En el Litoral, los Esteros del Iberá, en Corrientes, consolidan su lugar como santuario de la biodiversidad. Con más de 700 especies animales y una red creciente de esteros, lagunas y comunidades locales, se convirtieron en un ejemplo mundial de conservación. Las nuevas rutas aéreas y los circuitos integrados de observación de fauna fortalecen su proyección internacional.
Villa Pehuenia y Moquehue, en Neuquén, representan el avance más notable en turismo de naturaleza. Rodeadas de lagos y bosques de pehuenes, sus alojamientos boutique, propuestas gastronómicas y rutas escénicas las posicionan como alternativas exclusivas a los grandes centros turísticos de la Patagonia.

En Cuyo, San Rafael (Mendoza) se transformó en un destino integral con bodegas, aventura y turismo familiar. La mejora en infraestructura y la promoción digital multiplicaron las visitas durante todo el año. Además, el Cañón del Atuel y los circuitos de rafting y mountain bike atrajeron al público joven y deportivo.
En la Costa Atlántica, Claromecó y Mar Chiquita crecieron sostenidamente gracias al turismo sustentable y las escapadas fuera de temporada. La combinación de playas tranquilas, reservas naturales y oferta gastronómica local generó un nuevo perfil de visitante, más consciente y respetuoso del entorno.
El auge de estos destinos emergentes marca un cambio estructural en el turismo argentino. La descentralización de los flujos, la valorización de las economías regionales y la apuesta por experiencias auténticas abren una nueva etapa donde cada región del país aporta su identidad y su potencial.
El futuro inmediato muestra un horizonte claro: el turismo argentino se diversifica, se federaliza y se fortalece, impulsando empleo, arraigo y desarrollo sostenible en territorios que hasta hace poco no figuraban en los mapas turísticos tradicionales.









