Este encuentro de la WTTC reflejó una preocupación central del sector. La guerra en Medio Oriente y las tensiones en el estrecho de Ormuz comenzaron a afectar la oferta de vuelos, con menos asientos disponibles, rutas recortadas y aumento en los costos operativos de las aerolíneas.
El impacto golpea directamente a la cadena turística. El encarecimiento del combustible -que representa cerca del 30% de los costos de las aerolíneas- presiona sobre las tarifas y podría trasladarse al precio final de los pasajes, generando incertidumbre en la demanda.
Las autoridades advierten sobre un cambio en el comportamiento del viajero. Organismos europeos anticiparon posibles retrasos, cancelaciones y precios más altos, mientras que desde el sector se impulsa la reducción de impuestos para evitar que el impacto recaiga en los usuarios.
El escenario redefine el mapa turístico global. Europa observa con cautela y proyecta un verano con mayor turismo de cercanía, en un contexto donde la conectividad se convierte en el principal desafío y el futuro del sector queda condicionado por la evolución del conflicto internacional.










