El camino forma parte de la Ruta Provincial 33. El trayecto conecta el Valle de Lerma con los Valles Calchaquíes y se convierte en paso obligado hacia destinos como Cachi y Payogasta, integrando naturaleza, historia y turismo en una misma experiencia. El recorrido tiene un cambio constante de paisajes. Desde las yungas húmedas en los tramos iniciales hasta los pastizales de altura, la geografía despliega cerros de tonos rojizos, amarillos y violáceos, con la presencia dominante de cardones que caracterizan la región.
El punto más alto es uno de sus grandes atractivos. El mirador Piedra del Molino ofrece vistas panorámicas de la Quebrada de Escoipe y permite observar el vuelo de cóndores andinos, en una experiencia que combina altura, silencio y amplitud visual. La ruta también está cargada de historia. Su nombre remite al paso del obispo Julián de Cortázar en el siglo diecisiete y a las antiguas caravanas que atravesaban la región, lo que le otorga un valor cultural que se suma a su atractivo natural.
El estado del camino permite su recorrido. Se trata de una ruta de cornisa amplia y bien conservada, aunque con tramos irregulares que responden a características geológicas propias de la montaña, aportando identidad al trayecto. El viaje invita a un ritmo diferente. La conducción exige atención, pero también propone desacelerar para disfrutar cada curva y cada paisaje, convirtiendo al trayecto en el verdadero protagonista.
En este contexto, la Cuesta del Obispo en Salta se posiciona como un ícono. La combinación de altura, paisaje y mística la convierte en una de las rutas escénicas más atractivas de Argentina, ideal para quienes buscan experiencias de naturaleza en estado puro.










